Una hormiga que estaba sedienta se acercó a un estanque para beber.
Cayó al agua y comenzo una angustiosa situación, pues, a pesar de mover febrilmente sus patitas, veía que se iba a ahogar.
Pero una paloma, posada en un árbol cercano, lo vió todo. Cortó una hoja y se la tiró.
La hormiga pudo aferrarse primero y luego subir a ella. Así se acercó a la orilla y se salvó.
Por allá andaba también apostado un cazador de palomas. Tenía sus lazos bien preparados.
Con uno de ellos consiguió atrapar a la paloma.
Entonces la hormiga trepó por sus botas y le mordió la pierna.
Un buen mordisco de esos que saben dar las hormigas.
El cazador comenzó a sacudirse y agItarse, descuidando los lazos y a su presa recién capturada.
La paloma se escapó y se puso a salvo.
Incluso los más insignificantes son capaces de proporcionar grandes servicios a sus benefactores.

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