E L día uno, Fiesta del Trabajo, se pidió en misa por las amas de casa. Allí estaban, junto a obreros, parados y sindicatos.

¿Quién se atrevería a decir que no es una trabajadora más? Cierto es que la diferencian algunas cosas: más de ocho horas al día, no libra los domingos y festivos, su jornada abarca día y noche, no disfruta de vacaciones, tampoco cobra un sueldo y además suele decirse de ella que no trabaja.

Casi nada.