Monumento a los héroes del DOS DE MAYO, DAOIZ Y VELARDE

 

A los héroes del 2 de mayo y A la nación española 

Oigo, patria, tu aflicción, y escucho el triste concierto
que forman, tocando  a muerto, la campana y el cañón.

Sobre tu invicto pendón miro flotantes crespones,
y oigo alzarse a otras regiones  en estrofas funerarias,
de la iglesia a las plegarias, y del Arte las canciones.

Lloras porque te insultaron los que su amor te ofrecieron...
¡A ti, a quien siempre temieron porque tu gloria admiraron:
a ti, por quien se inclinaron los mundos de zona a zona;
a ti, soberbia matrona, que libre de extraño yugo,
no has tenido más verdugo que el peso de tu corona!

Doquiera la mente mía sus alas rápidas lleva,
allí un sepulcro se eleva cantando tu valentía;
desde la cumbre bravía que el sol indio tornasola
hasta el África, que inmola sus hijos en torpe guerra,
¡no hay un puñado de tierra sin una tumba española!

Tembló el orbe a tus legiones, y de la espantada esfera
sujetaron la carrera las garras de tus leones;
nadie humilló tus pendones ni te arrancó la victoria,
pues de tu gigante gloria no cabe el rayo fecundo
ni en los ámbitos del mundo ni en los libros de la Historia.

Siempre en lucha desigual canta su invista arrogancia
Sagunto, Cádiz, Numancia, Zaragoza y San Marcial;
en tu seno virginal no  saben hacer tus vasallos
frenos para sus caballos con los cetros extranjeros...

Y hubo en la tierra un hombre que osó profanar tu manto...
¡Espacio falta a mi canto para maldecir su nombre...!
Sin que el recuerdo me asombre, con ansia abriré la historia;
presta luz a mi memoria, y el mundo y la patria a coro
oirán el himno sonoro de tus recuerdos de gloria.

Aquel genio de ambición que, en su delirio profundo,
cantando guerra hizo al mundo sepulcro de su nación,
hirió al íbero león, ansiando a España regir,
y no llegó a percibir, ebrio de orgullo y poder
que no puede esclavo ser pueblo que sabe morir.

¡Guerra!, clamo ante el altar el sacerdote con ira;
¡guerra!,repitió la lira con indómito cantar;
¡guerra! gritó el despertar el pueblo que al mundo aterra;
y cuando en hispana tierra pasos extraños se oyeron.,
hasta las tumbas se abrieron gritando: ¡Venganza y guerra!

La Virgen con patrio ardor ansiosa salta del lecho;
el niño bebe en el pecho odio a muerte al invasor;
la madre mata su amor, y cuando calmada está,
grita al hijo que se va: "¡Pues que la patria lo quiere,
lánzate al combate y muere; tu madre te vengará...!"

Y suenan patrias canciones cantando santos deberes,
y van roncas las mujeres empujando los cañones;
al pie de libre pendones el grito de patria zumba.
Y el rudo cañón retumba, y el vil invasor se aterra,
y al suelo le falta tierra para cubrir tanta tumba...

Mártires de la lealtad, que del honor al arrullo
fuisteis de la patria orgullo y honra de la Humanidad.
En la tumba descansad, que el valiente pueblo íbero
jura con rostro altanero que, hasta que España sucumba
no pisará vuestra tumba la planta del extranjero.

Bernardo López García (1840-1870)