Si la risa se pudiera comprar en las farmacias, no habría médico que no recetara unas cuantas carcajadas diarias.

La risa ejercita al diafragma, al que, excepción hecha de la respiración profunda, apenas afectan otros ejercicios.

Si nos miramos en los rayos X cuando reímos (hoy se puede hacer con monitores de TV), nos quedamos asombrados.

El diafragma baja más y más al paso que los pulmones se dilatan. Inhalamos más oxígeno, que pasa a la sangre de los pulmones.

Mientras nos reímos, duplicamos o triplicamos la cantidad de sangre expuesta a la acción del oxígeno.

La salud está en proporción directa con la risa.

Un minuto de risa franca y espontánea (no forzada) equivale a tres cuartos de hora de relajación.

La risa hace bajar la hipertensión, combate el estrés y favorece la digestión.